WINDWARD se basa en temas fundamentales que han definido la trayectoria de Sharon Lockhart: la exploración del lugar y de cómo las personas interactúan con el paisaje, un enfoque de la atención basado en la duración —mediante planos fijos prolongados— y un compromiso a largo plazo con quienes aparecen ante su objetivo. WINDWARD da vida a las impresionantes formaciones geológicas, al clima singular y a la belleza austera de la isla.
En WINDWARD, Lockhart observa minuciosamente la geografía de la isla y captura a los jóvenes inmersos en juegos espontáneos entre campos de hierba alta, rocas volcánicas y el romper de las olas. A través de su lente, el mar, el cielo, la tierra, la luz y el clima se convierten en elementos esenciales que articulan una narrativa a lo largo de sus composiciones visuales, elaboradas con sutileza. Rodada en la vertiente norte de la isla —su cara expuesta al viento—, la obra se inspira en una fuerza invisible: las brisas persistentes que descienden sin interrupción desde el Ártico y llegan a tierra firme como una presencia inseparable de la vida cotidiana. Una sintonía innata con el entorno —la capacidad de interpretarlo y atender a sus señales— permite a los protagonistas de Lockhart establecer una estrecha relación con el medio que los rodea. La inmensidad se hace patente al ver cómo las figuras quedan empequeñecidas por su propio mundo. Al aparecer y desaparecer de la vista y cruzar el plano de la imagen, los niños de WINDWARD ocupan por completo los encuadres de Lockhart, conquistando y dotando de sentido a su geografía en escenas compuestas y coreografiadas para la cámara. En consonancia con los vientos impetuosos de la película —equilibrados por momentos de intensa calma—, la obra revela la esencia elemental de Fogo Island y la profunda conexión de sus habitantes con la naturaleza.